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lunes, 28 de noviembre de 2016

La verdadera receta de las aceitunas

Aliñar tus propias aceitunas tiene su intríngulis. Dicen que es difícil obtener la receta al completo. La buena, la de verdad. Pero no te preocupes. Tengo el secreto. Y TE LO VOY A CONTAR. Aquí. Ahora. Paso a paso. Sin códigos promocionales. Sin cupones descuento. Sin permanencia. ¿Estás listo? Pues toma nota y sigue al pie de la letra: 

Primero tienes que ir al olivar de Tomares con Paco y Gloria y coger las aceitunas en su punto justo: según Paco, verdes tendiendo a morado. Como se te despierta la codicia, al final coges diez kilos, que van desde el verde pistacho hasta el negro petróleo.

Las machacas, según Roberto, con una piedra, o las rajas, según Paula, con un cuchillo. Después las pones en agua, según un amigo de Jesús Villazán. O en salmuera, según Keka. Si te pones tiquismiquis, pones un huevo a flotar, según Gerard. Les cambias el agua todos los días, según Paco, el portero. O cada un par de días, según Ana la panadera. O no se lo cambias, según un tío que tiene un blog en internet. 

Cuando ya no amargan (o te hayas cansado de que toda la casa huela a aceituna machacada) es que ha llegado la hora de aliñarlas. Fácil: cortas trocitos de zanahoria y de pimiento rojo, según el que vino a instalar el ADSL. No, mejor verde, según Juan, el del puesto de verduras. Añades ajo machacado y limón, según la del bar Mercedes, que no se llama Mercedes, sino Gema. O vinagre, según Josele el papá de Yulia. Y orégano, comino o tomillo, según mi amiga Rosario la teóloga. Con agua, tal cual, según Juanjo, o cocido, según Carmen, la de Lunares y Limones. Las tienes en aliño durante una o dos semanas, según el bol parlante de Óscar. O hasta que te entre el hambre, según Nacho.

Según Herrera, ni se te ocurra tocarlas con objetos metálicos: se convertirán en gremlins y te arrancarán la cabeza mientras duermes. 

Según Pedro, debajo del puente en el río hay un mundo de gente, debajo en el río en el puente.

Al final te las comes.


domingo, 20 de noviembre de 2016

Sobre gustos

Ayer Violeta y Lucas trajeron un pomelo a casa.
Mira que es bonito. Ay, nos dejamos engañar por su atractivo enigmático. Es el fruto de la discordia. Una fruta inquietante. De aspecto apetecible pero poco definido, lo que causó terribles desavenencias a la hora del postre:
Primero discutimos por si era del tamaño de una naranja gorda o de un melón pequeño.
Luego discutimos por el color de su cáscara: ¿naranja, rosada o amarilla?
Cuando lo abrimos discutimos, los ánimos ya bastante caldeados, por si era rojo o rosa por dentro.
Pero cuando lo probamos, uno tras otro, como si no fuéramos capaces de aprender de la experiencia ajena, toda posible discrepancia se disipó.
Por la calle se oyen cosas: algunos dicen que es amargo. Otros lo describen como agrio. Áspero, le dicen otros. Que tiene sabor acre, comentan. Un gusto acerbo.
Sin embargo, para nosotros no existió la duda. Por fin, cual familia amorosa, una opinión compartida nos devolvió la armonía:
Lo que es...lo que el pomelo es, es ¡¡¡¡MALO!!!


sábado, 19 de noviembre de 2016

Pensamientos desde la burbuja

Cada mañana, camino del cole en coche, nos encontramos a Larry, luego a Ali y a Harrison, y a veces a Osás, que nos saludan con su sonrisa de dientes blancos y un paquete de pañuelos en la mano; sus sueños, guardados en el bolsillo. Al fondo del bolsillo. O no sé dónde. 

lunes, 14 de noviembre de 2016

Conversaciones en pijama

Son las diez de la noche, y Lucas (duérmete niño) lleva una hora dando vueltas en la cama.
- Mamá
- Qué, Lucas
- Nunca nunca nunca más, nunca más, nunca más, nunca nunca más quiero ir a la montaña
- Mmm
- ¿Sabes por qué?
- ¿Por qué?
- Porque si hay piedras, y corro con los ojos cerrados, me puedo caer
- Mira, lo que puedes hacer si vamos a la montaña y hay piedras, es correr con los ojos abiertos
- Ah, vale.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Otoño con seis patas


Ya están aquí. Han invadido la ciudad, y no son zombis. Trepan por las paredes, y no son Spiderman. Vuelan, y no son Superman. Copulan impúdicamente, y no son Berlusconi.

¡Son las hormigas voladoras! Cada año, tras las primeras lluvias de otoño, un batallón de hormigas aladas se despliega por la ciudad, en un hermoso aleteo, o danza errática, o meneo de caderas, buscando una buena pareja para copular y un huequito donde establecerse. Eso las hembras, para los machos con la cópula es suficiente, y mueren inmediatamente después, exhaustos de tamaña pasión.

Es un arriesgado baile nupcial, porque los pájaros, ojo avizor, no descansan. Ni tampoco las señoras con bolso de piel. ¡Zas! Bicho asqueroso.

Las que consiguen aparearse (no las señoras, sino las hormigas) caen al suelo, pierden sus alas y, si tienen mucha suerte, encuentran el lugar idóneo para iniciar su nueva casa. Excavan una galería y preparan la fiesta: manteles de hilo, cubertería de plata, camareros con chaqué. Ya son reinas. Pronto nacerán las crías y todo se llenará de vida: obreras excavadoras, forrajeadoras, soldados, machos alados. Y un día, cuando la casa se quede pequeña, una nueva cohorte de princesas aladas hará sus maletas y, tras las primeras lluvias de otoño, alzará el vuelo, desplegándose por la ciudad, en un hermoso aleteo, o danza errática, o meneo de caderas.

La vida se renueva. 


miércoles, 2 de noviembre de 2016

Por amor al arte

Hoy he asistido a las VI jornadas estatales de custodia del territorio. Bueno, eso pero con muchas más mayúsculas.

¿Y qué es custodia? Me preguntas mientras clavas en mi pupila tu pupila azul.

Custodia es una cosa muy bonita.

Vamos a empezar por el principio. La RAE (porque en el principio siempre está la RAE) dice que custodiar es guardar algo con cuidado y vigilancia. Como Golum a su anillo, como la bruja a Rapunzel, como Violeta a Pepé. (Mira que he pensado y pensado ejemplos y no he logrado hallar uno en que el custodio no haya acabado perdiendo lo custodiado. Será por culpa de Drexler)

Cuando la custodia es del territorio se trata de guardar esa cosa que pisamos y que nos envuelve, de cuidarla, con sus hierbas y sus conejos, sus bacterias y sus linces. Y si amarrar no sirve (porque obligar a no hacer, no usar, no ocupar, no cazar, no manchar, no gusta) pues confiamos en convencer.

Y eso es bonito, pero no es lo más bonito: la custodia no la hace un ayuntamiento, o la consejería, o un ministro, que también, si quieren. La custodia la hace cualquiera. El que quiere y el que puede. Y la sala estaba llena de un montón de cualesquiera. De señores con barba y señores sin barba. De tacones finos y de deportivas viejas. De funcionarios, voluntarios, estudiantes, ganaderos, friquis, propietarios, cazadores, y hasta un conejo. Llena de gente que quiere cuidar la Tierra. Unos las setas, otros los pájaros, y otros una abeja muy rara y muy bonita que sólo vive en Katmandú. Pero no. Tampoco es eso lo más bonito. Lo más bonito es que lo hacen porque sí. Por convicción, por pasión, por decencia, por derecho, y todo, por amor al arte.

Y por amor al arte se juntan, codo con codo, unos cualesquiera con otros cualesquiera, y juntos, juntos van.


martes, 1 de noviembre de 2016

Halloween

Tengo el pelo enredado. 
Porque Halloween volvió y cuando viene Halloween se me enreda el pelo.
Algo así (pero bastante peor por eso de no tener veinte años):

A mí no es que me guste ni me disguste Halloween, pero como ya no sé ni de dónde vengo ni adónde voy, no me importa celebrar cualquier cosa, sobre todo si hay comida de por medio, desde Acción de Gracias con su pavo y sus conversaciones típicas (sobre el pavo), a Santa Lucía con sus suecos (sin conversación) y cuatro velas en la cabeza, pasando por la Feria, con sus flamencas, ofú, qué grasiooosaas, y el albero pegado en los zapatos. Que sí, que Halloween con su americana ajenidad ha llegado y se nos ha instalado sin pedir permiso, pero qué le vamos a hacer: este año hemos torturado calabazas y nos hemos disfrazado, como siempre con resultados altamente decepcionantes para todos. Pero no todo sigue igual. La vida avanza, las cosas cambian: este año…las galletas…(redoble de tambores)…¡no se nos han quemado! 



sábado, 22 de octubre de 2016

Catarro

Estar acatarrada es como llevar gafas de sol.

jueves, 20 de octubre de 2016

Gafas de sol

Cuando me pongo gafas de sol siento la vida desde lejos. Las gafas de sol son como una muralla que me separa de lo externo. Con gafas no veo, no oigo y no entiendo el idioma. Allá afuera las voces, los coches, la gente. Dentro de mi cabeza yo voy calentita, en una nebulosa de oscuridad, oyéndome por dentro, escuchando mi propio eco, los oídos y los ojos velados. Mi mundo se hace grande, y los taxistas y los supermercados diminutos, insignificantes. Me crecen los dientes, las orejas, las manos y los pies. A mi paso todo sucumbe y yo sigo avanzando tranquilamente, causando el caos, con un devastador paso lento, en la inopia, derribando cajas de naranjas, torres de papel higiénico y grupos de escolares a la salida del colegio. No es que piense nada en particular, camino en mi mundo, distraída, oyéndome, pensándome, más y más grande por momentos. Gigante dentro de mí. Los semáforos caen y aplasto los coches sin percatarme. La ciudad se llena de sirenas de policía, que percibo como un zumbido lejano.  Aplasto sin darme cuenta palmeras, kioskos y ambulancias. Dejo atrás, como muñecos desvalidos, a bomberos con sus escaleras.

Vuelvo a casa, me quito las gafas para caber en el ascensor. Me llegan de la calle ruidos caóticos. Al llegar pongo la radio. Parece ser que un gigante sonámbulo ha tomado la ciudad esta mañana. El mundo cada día está más loco. 


martes, 11 de octubre de 2016

Anécdota banal


En casa hay un río.

Podríamos llamarlo riachuelo, o quizá arroyo, porque es pequeño. Es muy pequeño. Nuestro río mide exactamente dos coma treinta y ocho centímetros de longitud. Es un río corto, pero un río, eso sí.

Caudaloso, lo que se dice caudaloso, tampoco es. En realidad, no lleva agua. Es un río seco, pero un río, eso sí. 

De fauna y flora no es que ande muy bien. Peces no tiene. Ni cangrejos, ni moluscos, ni insectos. No tiene vegetación de ribera y no tiene algas. Es un río abiótico, pero un río, eso sí.

Bueno, la verdad (por si todavía confiabais) es que nuestro río no es un río. Me habéis pillado. Es un desperfecto en un azulejo de la cocina. Pero es el río de Lucas.  

Y ahora sería bonito revestir la anécdota de profundidad: loar la imaginación de los niños, reflexionar sobre la maravilla de la infancia, sobre la ternura de vivir con niños, sobre los ojos bonitos. Y más. Seguiría hablando de la necesidad de maquillar la realidad, de las tretas de nuestro cerebro para vivir bonito, o para vivir, así, sin más. Me envalentonaría. Continuaría con el problema de la gestión del agua y el cambio global. La invasión del cangrejo americano y la almeja asiática.

Pero es que yo sólo quería contaros que en casa hay un río.


martes, 4 de octubre de 2016

MIGRACIÓN


He visto cigüeñas. 
No, cigüeñas no. Lo que yo he visto son CIGÜEÑAS. 
No, tampoco es eso. 
¿Cómo explicarlo con esa diéresis raquítica?
Veréis, lo que quería decir es que yo...














Pues eso. Cientos. Volando. Un poco blancas, un poco negras. Rondando el estrecho de Gibraltar. Sin atreverse a cruzar. Amagando, pero no. Esperando la señal, o los vientos, o la inspiración, o una invitación del continente hermano. Bailando con las corrientes de aire. Hermosas. O hermosa, porque eran muchas pero eran una. Porque eran una danza y un ciclón. Una fiesta de despedida: de España, del otoño. Un desafío a lo estático. Un alegato contra toda frontera. ¡Hasta la vista, amigas! 


viernes, 20 de noviembre de 2015

Las judías, las patatas y el corazón de Violeta


Violeta es mujer de un solo amor. Por los amigos, por los juguetes, por la comida. Ay, por la comida. Hubo un día en que judías y patatas convivieron en el corazón de Violeta, pero aquello ya pasó. Quizá por las circunstancias, quizá por un desplante de los desgraciados tubérculos, un día las patatas quedaron desterradas para siempre de su amor. Desde entonces, y hasta hoy, sólo le gustaban las judías verdes. Patatas no, mamá, apártalas del plato. Pero hoy vientos de cambio llegaron a nuestra mesa. Hoy quiero probar las patatas. Un trozo MUY pequeño, por favor. Lo introduce con cautela en su boca (Expectación. El mundo se para). Sus ojos miran al infinito, indecisos. Por fin, un veredicto: Me gustan (Fuegos artificiales, una banda con trompetas, elefantes, leones y dromedarios desfilando por la cocina). Y durante un efímero instante las judías, de la mano de las patatas, llenan su pequeño corazón. Pero oh, al segundo siguiente la mirada se endurece, la boca se tensa: Estoy pensando que las judías tienen un sabor que... (ay) que... (ay, ay) no, no me gusta. Judías no, mamá, apártalas del plato.



lunes, 9 de septiembre de 2013

La primera Ley

Todo cuerpo persevera en su estado de reposo o movimiento uniforme y rectilíneo a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas impresas sobre él.

Oso cierra su libro de física newtoniana. No ha logrado pasar de la primera página y ya le invade un tremendo sopor. ¿Por qué se harán los días cada vez más y más cortos? Se pregunta mientras se pone su pijama de rayas. Se ha pasado el verano jugando al volley-playa con Pájaro, recogiendo arándanos y grosellas en el bosque, comiendo hasta rodar empachados, sin pensar ni siquiera en almacenar para el invierno. Al final de sus paseos les dolía tanto la tripita que no podían ni moverse, con la lengua y las patitas moradas por los arándanos. Vencidos sobre el suave musgo se retorcían perezosos hasta que conseguían volver a ponerse en pie y regresar a su cabaña.

Oso querría jugar bajo el cálido sol de agosto durante todo el año. Sin embargo, el verano ya se ha marchado y es hora de replegarse en casita, de quedarse quieto, muy quieto hasta que el sueño lo venza, su respiración se haga suave y constante y su metabolismo se ralentice tanto que ya no necesite comer ni una baya más hasta que llegue la primavera.

Oso se desliza a regañadientes en ese territorio denso y pegajoso que une el pensamiento con el sueño. Piensa en su última excursión en bicicleta, en el sol y las frambuesas, frambuesas grandes, jugosas, piscinas de frambuesa, y su profesor de mini-golf jugando dentro de la piscina con Pájaro, que lleva un sombrero encima de otro sombrero, encima de...¿una mofeta que come bastones de caramelo? Oso duerme.

Una linda mañana de primavera, seis meses después, una mariposa hace cosquillas a Oso en la nariz. Frunce el hocico queriendo ahuyentarla de su sueño, pero la mariposa persiste. Finalmente Oso se resigna y con estoico esfuerzo entreabre un ojo, luego el otro, y se rasca la nariz con una pata que le cuesta un tremendo trabajo levantar, como si no fuera suya, como si la orden enviada desde el cerebro tuviera que atravesar arenas movedizas en lugar de laberintos neuronales. La luz se cuela por la ventana de su cabaña y las motas de polvo flotando en el haz dorado le hacen pestañear.

¿Por qué brilla de nuevo el sol con tanta fuerza? Oso querría dormir diez meses más, pero su despertador biológico suena, sin duda, y Oso lo lanzaría contra la pared y daría media vuelta bajo las suaves sábanas pero no sabe hacerlo, al fin y al cabo no es más que un oso...Un oso que no puede pasar sin bostezar de la primera página de su libro de física newtoniana.

Para Palma



sábado, 6 de julio de 2013

Carta de un ladrón a un señor

Madrid, 4 de Agosto de 2013

Estimada víctima de robo:

Ayer por fin forcé tu puerta. Llevaba días acechando tu edificio. Ya estaba perdiendo la paciencia: con esto de la crisis parecía que ningún vecino se iba a marchar de vacaciones. Y yo siempre apostado a la sombra de los tilos, con este calor implacable que castiga Madrid en agosto, vigilando el portal, anotando quién vive en qué piso, registrando cada entrada y salida, cada visita, cada movimiento fuera de lo habitual. Y por fin tú, vecino ocioso del Quinto derecha, te decidiste a hacer las maletas y partiste en tu Ford Fiesta con tu sombrilla, tu pelota de playa, tu señora pelirroja y toda tu prole llena de pecas y mocos.

Aquella misma tarde, a esa hora en que el mercurio de los termómetros amenaza con desbordarse, mientras duermen los vecinos, los policías, y hasta los pájaros, entré en tu apartamento. He de reconocer que, nada más abrir la puerta, me envolvió un sentimiento de desánimo. Sé reconocer las casas Ikea desde el primer vistazo. Correcta pero vulgar, esta era una de ellas, lo que significaba que debía olvidarme de encontrar nada de demasiado valor. Con la celeridad que me confiere la experiencia, reuní todo lo robable en pocos minutos. Nada del otro mundo: Un ordenador portátil, un par pendientes de oro, una gargantilla, algo de dinero y una cámara de fotos. No, rico no me haría, pero al menos sacaría para un par de buenas cenas en el "Rincón del Chef" una vez que lo hubiera vendido todo a Macaco, mi comprador del rastro.

Generalmente, tras "limpiar" la casa en cuestión, salgo de ella sin mirar atrás, cargando el botín en una mochila de colegial, saludando amablemente a algún vecino si es que nos cruzamos en el portal, ayudando a la viejecita del Segundo a bajar los últimos escalones o abriendo la puerta con mirada anhelante a la tía buena del Cuarto. Con el tiempo he descubierto que nadie sospechará de mí: ya nadie conoce a nadie en su propio edificio. Después me voy a otro barrio, me apuesto en la acera delante de un hermoso edificio residencial, bajo los tilos, siempre bajo los tilos, y repito el proceso: Espiar, entrar, robar, salir.

Sin embargo ayer algo me detuvo cuando estaba a punto de abandonar tu apartamento. Tras un cuadro del salón que, en última instancia, dudé en robar, más que por su valor por su belleza (representaba una armoniosa escena de playa), había una carta en que alguien había escrito con grandes letras: "A tí, ladrón". Instintivamente, me dí la vuelta de un salto, presto a la huída, sintiéndome descubierto. Después recuperé la razón. La casa estaba vacía. Nadie había allí conmigo. Sin embargo...esa carta...¿acaso era un juego de los niños? ¿iba en realidad dirigida a mí? ¿cómo podría nadie haber adivinado que yo...? Me senté azorado en el sofá. Abrí con manos temblorosas el sobre, blanco inmaculado, con aquellas palabras delatoras que tanto me habían perturbado. Comencé a leer:

"Querido ladrón,

Llevo semanas acechándote desde mi ventana. Te observo día tras día, mientras bostezas apostado bajo los tilos, siempre apuntando en tu cuaderno. ¿Quién si no un ladrón podría estar interesado en nuestro aburrido vecindario? Ayer te seguí hasta tu casa. Cúanto nos divertimos por la noche mi mujer, los niños y yo imaginándonos robando al ladrón. ¿Y por qué no? Así que hoy hemos hecho las maletas para marcharnos de ficticias vacaciones... Mientras lees estas lineas estamos vaciando tu precioso apartamento. ¡Esperamos que hayas disfrutado de tu robo! Nosotros sin duda, lo estamos haciendo. Por cierto, ni el ordenador ni la cámara funcionan. Y las joyas, por supuesto, son falsas."

Plegué el papel, con la mirada aún atónita. Después me rasqué la cabeza y me sacudió una incontenible carcajada. Todavía doblado por la risa, abandoné mi botín junto a la entrada, y cerré la puerta de tu casa tras de mí. Le lancé un piropo a la vecina del Cuarto (¡menudas piernas!) y salí del portal.

Cien años de perdón, amigo, cien años.

Ps. Te he regado los geranios.




miércoles, 6 de febrero de 2013

FORRUS POLARIS (o lo que no aprendí de los romanos)


Imperio Romano. Más de quinientos años de hegemonía en todo el Mediterráneo. Desde Portugal hasta Mesopotamia un solo Emperador, unas únicas leyes, una lengua unificadora que condenó, 20 siglos después, a declinar rosa rosae en el instituto a mil millones de adolescentes con granos por todo el mundo.
Toda Europa llegó a estar ocupada por los romanos. ¿Toda? No, ¡Una remota tierra poblada por irreductibles bárbaros resistió al invasor! En realidad no es una remota tierra. ¡Se dejaron todo el norte! ¿Estrategia política? ¿Pericia bélica de los pueblos nórdicos? Qué va. Lo que pasa es que por ahí parriba ¡hacía un frío del copón! Y los romanos, como todavía no habían inventado las togas de forro polar, no le vieron sentido a subir más allá de NewCastle.
Y esto ¿por qué me importa a mí? Pues por varios motivos.
Primero, les tengo rabia por pura envidia. Porque ellos supieron ver que alrededor del Mediterráneo uno estaba a gustito, la vida era relajada y había ciruelas claudias en verano y uvas en otoño. Los gladiadores se les ponían morenitos, lo cual daba muy buena impresión al público y la sandalia fue moda de primavera-verano-otoño-invierno durante seiscientos años consecutivos. Y yo, ciega a tantísimos años de historia, he decidido pasar 6 meses al año a bajo cero mientras como albóndigas de IKEA.
Segundo, porque por culpa de la ausencia romana aquí en el Norte, no hay manera de entenderse con los vikingos. Nada que se parezca al latín ni remotamente. De verdad, que yo le pongo buena intención, pero es que perro se dice hund, niño barn y pollo kyckling y así no hay forma de comunicarse. Si al menos se hubieran resignado a su lenguaje simple y primitivo, como los ingleses, todo nos habría ido mejor. Los ingleses no se preocupan por tener pocos tiempos verbales. Se toman un té a las 5 y ya se sienten hasta aristocráticos. Pero los suecos a las 5 ya han dado de cenar a los niños, así que les sobra mucho tiempo libre, que han empleado en: a) generar una gramática que de dolores de cabeza a los extranjeros b) elaborar las chockladbollar, unas bolas de avena con chocolate duras como piedras que, cuando te metes una en la boca, te tienen entretenido hasta las 10 de la noche.
Y por eso, por causa de los romanos, estoy yo aquí enfundada en mi batamanta, a -12ºC tras el triple cristal, estudiando cinco maneras diferentes de construir un plural. Al menos tengo mi chockladboll que me durará hasta que me las acabe de aprender.

viernes, 5 de octubre de 2012

Sueco para principiantes (y trolls)

En la sala de niños de la biblioteca de Uppsala hay un puente. Y bajo el puente vive un troll. Parece ser que el troll tiene malas pulgas, porque cuando un niño aprieta el botón que hay junto al puente, una voz cavernosa le exhorta algo así como "Bremeder som klampar pumin brum?!!!", que quiere decir "¿Quién osa pasar sobre mi puente?".
Es la única frase que sabemos decir en sueco y se la decimos a todos los niños de la biblioteca. Los niños nos miran con los ojos muy abiertos. Algunos huyen despavoridos. No sabemos si por nuestra semejanza con el troll o por nuestro acento poco ortodoxo.


lunes, 24 de septiembre de 2012

la Belleza

Suena una música delicada y suave, una guitarra, un piano. Alguien lanza al aire pompas de jabón. Los niños las miran con los ojos muy abiertos, en el silencio de sus palabras aún no estrenadas, deslumbrados por su brillo, absortos, siguiendo su lento baile en descenso hacia el suelo. Se levantan del regazo de mamá y caminan con cortos pasitos vacilantes hacia las pompas transparentes. Alargan sus manitas anhelantes hacia ellas, que les burlan y esquivan en su danza errática. Se mueven torpones, chocando a veces unos contra otros, hasta que por fin tocan alguna pompa, o bien las pompas caen al suelo, y hacen pop, efímeras, y se desvanecen. Mucho tiempo después de que la última pompa multicolor haya estallado, los niños siguen mirando al aire embelesados, expectantes, maravillados.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Ett glas vatten

Acabábamos de llegar a los EEUU, con la boina en una mano y el diccionario Oxford en la otra.
Me dirigí al camarero del bar de la universidad. Esta va por Monroy, mi profesor de inglés del instituto, me dije con una sonrisa autosuficiente:
- Hi, can I have a glass of water, please?
- A glass of what?
- Water
- What?
- (la confianza en Monroy disminuyendo) Wata?
- ¿?
- Worar? 
- ¿?? Coke?
- No! (maldito Monroy) Warer?
- Beer?
- Yes, please (from lost to the river…)
Por eso los españoles tenemos fama de borrachos y fiesteros. Por culpa de Monroy.
Y así pasó una y otra vez.  Y transcurrieron los días, los meses, contratos, viajes, un hijo…meros pasatiempos. Hasta que un día, por fin, ocurrió el milagro:
- A glass of water, please
- Here you are
Y sin más preámbulo me lo sirvió. Estupefacta, miré aquel vaso que se encontraba frente a mí, con sus hielos transparentes, su pajita apuntándome directamente a la nariz, su rodaja de limón fresca y aromática. ¿Color? El adecuado. ¿Consistencia? La apropiada. No había duda. Era water. Water de la buena.
Después de permitirme cinco minutos para derramar copiosas lágrimas por la emoción, me di cuenta de lo que realmente significaba aquello, como se dio cuenta Mary Poppins cuando cambió el viento: It’s time to go. Objetivo cumplido, mission accomplished, feina feta, no queda nada más que hacer en los EEUU, es hora de marchar.
Así que Nacho y yo hicimos las maletas de nuevo y nos sentamos frente a frente, meditabundos, cavilosos. ¿Qué esperar ahora de la vida? ¿qué nuevo desafío podría dar sentido a nuestra existencia?...
- Belén (y clavaste tu pupila en mi pupila azul), ¿cómo se dirá agua en sueco?



jueves, 5 de abril de 2012

in Sales we trust

Voy conduciendo, radio encendida, para la música, suena una voz entusiasta: 

- Amigo, la Semana Santa es algo más que conejos de pascua, pollitos y huevos...

(ohhh!!!)

- ¡Son también las mejores rebajas de la primavera!

(ohhh...)


lunes, 2 de abril de 2012

La ciencia en tiempos de crisis


“Paco Pérez, Investigador Privado”, reza una placa en la puerta de su despacho.
– Yo vengo pa que me espíe a mi marío, que pa mí que me la está pegando con otra.
Y Paco se pone su bata.
– ¿No debería salir con gabardina?
– No señora, que yo soy de bata.
– Ah bueno.
Y Paco se pone sus gafas.
– ¿No debería salir con lupa?
– No señora, que sólo soy miope.
– Ah bueno.
Y al cabo de un mes la señora recibe un email.
“Remitente: Paco Pérez, Investigador Privado.”
“Asunto: La infidelidad conyugal. Caso de estudio: El Manolo.
“Estimada Señora María, adjunto le envío el fruto de mi investigación. Espero que sea de su agrado”. Y un archivo muy grande adjunto. – Ay madre, serán las fotos de mi Manolo con la otra – Pues no. Es un pdf, y gordo. La Mari empieza a leer:
“1. Abstract:” Y un parráfo que la Mari no entiende – Abstracto sí que lo veo, sí.
“2. Introducción: La sospecha de infidelidad conyugal es uno de los motivos de preocupación más frecuentes en amas de casa…” La Mari asiente.
“3. Material y métodos: Se procedió a la observación sistemática del sujeto durante un periodo de…” – Uy, menudo tostón – La Mari bosteza. 
“4. Resultados: El Análisis de la Varianza concluye con la aceptación de la hipótesis nula...” – Ya empezamos con insultos – La Mari pasa dos páginas mientras aliña la ensalada.
“5. Discusión: Nuestra principal conclusión es que Manolo juega al mus cada tarde a escondidas de la Mari…” – Será, será…tonto este Manolo – La Mari suspira aliviada.
“6. Agradecimientos: Al CSIC, que me pagó un doctorado en biología molecular. Al Ministerio de Ciencia por mi primer postdoctorado en Princeton. A la fundación Fullbright por mi segundo postdoc en Columbia. A las becas Marie Curie por mi tercer postdoc en Alemania. Y a la Mari y el Manolo por mi primer trabajo de investigador en España.”

(Cuento para el concurso "La ciencia y tú", del Museo de la Ciencia de Valladolid y El Norte de Castilla, ¡primer premio!)

jueves, 23 de febrero de 2012

Like a box of chocolates


La vida es un coñazo, dijo la ostra
¡La vida es diveeeer! dijeron las burbujas de champán
La vida es solitaria, dijo el reloj del ayuntamiento al dar la Una
La vida es una barca, dijo Calderón de la Mierda
La vida es corta, dijo una gota de agua mirando al sol
La vida es larga, dijo una gota de agua mirando al mar
La vida es sueño, dijo el lirón
Pues sí pues sí, dijo otra vez Calderón
Así es la vida, dijo mi vecina del quinto tendiendo la ropa
Y a la vida le dio igual
Y siguió haciendo gente y bacterias y arañas y musgo.

(Y luego deshaciéndolos)



lunes, 6 de febrero de 2012

lunes, 30 de enero de 2012

Mamalén en horas bajas


Si la mañana es muy fría
si por dentro estoy más sola
si el cartero no ha venido
si pollito está llorando
si se ha acabado el helado
si no quedan calcetines
si las plantas se han helado
si el trabajo es un plomazo
si en las noches, despertares
si mi tía está malita
si la tarde se hace larga
si hay que fregar la cocina
si el futuro se me esconde
si las dudas me carcomen
si una nube me persigue
si llueve dentro de casa
si nieva tras mis pestañas
…entonces
… quizás
…es hora de echarse una siesta. 


jueves, 19 de enero de 2012

Combinatoria para bebés

Hablar con un bebé tiene sus particularidades. Los primeros días usas un tono de voz discreto y frases lógicas o al menos coherentes sintácticamente. Al cabo de un tiempo te encuentras a ti mismo con una voz al estilo Canarito-Cuando-Ve-Un-Lindo-Gatito y articulando sonidos inconexos como Luu, fuuu, baa, taaaaa, putucá, patú, matacatáaaa. Cuanto más tiempo pasa, más elaboradas las combinaciones: Muturrucutupurrucáaa, Patuquitirripirripóo. Claro, es sólo cuestión de combinaciones y probabilidades que acabes juntando las sílabas inapropiadas y llamando a tu bebé TitaPutáaaa o Cacorrotáaaa sin habértelo propuesto. Yo no me desanimo, sin embargo. Sigo probando y probando a ver si un día, mientras estoy bañando a Pollo, me sale El Quijote. Que todo es echarle el tiempo suficiente. Creo que estoy a punto. Ayer me salió EnUnUnuaaadeMumuancha.



miércoles, 21 de septiembre de 2011

Cristal de Bohemia


raro, precioso, frágil
bello, efímero, sutil
liviano, caro, delicado

así es el sueño de Violeta


lunes, 29 de agosto de 2011

La vida en diminutivos


Pollito ya está aquí. Llegó un 2 de Agosto entre empujones y a fús a fús a fús en un parto bastante neanderthal. Digo…natural. Pollito nació de color morado, con las manos arrugadas, los ojos cerraditos y las uñas largas como un topillo. Topillo se llama Violeta y se lanza en picado a todo pezón que huele. Violeta es pequeñita y desvalida, a veces de color rosa pálido; rosa fucsia cuando se enfada. Violeta tiene boquita de piñón y maúlla como un gatito. Como un gatitito. A veces cuando me despierto y veo a Gatitito en su cuna, con su cara plácida, blanca como una pipa de calabaza, me sorprendo de ser mamá. Y Mamelén, que es mi nuevo nombre de heroína, se queda mirando a Calabaza y a veces se emociona y le dice cositas suavecitas: perranganito, estuquito, golondrín. A veces Golondrín duerme, a veces come y a veces llora. Y entonces Papacho y Mamelén le cantamos canciones inventadas, por lo bajini,  historias de elefantes y de pies, de palanganas y de escarabajos. No siempre afinamos, tampoco siempre riman, pero a Gatitito no le importa mucho y nos mira con sus ojos abiertos abiertos como lunas. Luego se duerme. O no. A Gatitito se le están poniendo gorditos los mofletes. A mí tiernito el corazón.



lunes, 2 de mayo de 2011

La primavera con jersey nuevo

Este año ha llegado despacito, sigilosa, sin estridencias, pero por fin los árboles han brotado, cada cual a su manera.


La catalpa ha brotado en lechugitas.









El fresno regio. 










El tulipífero delicado.










Los robles tímidos. 









Los cerezos con descaro. 










El ailanto con una explosión. 









El nogal despeinado.



El abedul jugosito. 











El cornejo por sorpresa. 












¡Y mi tripita ha brotado un ombligo!

miércoles, 20 de abril de 2011

Laboralmente hablando II

Ya hace un año y un poquito que aterrizamos en Nueva York, con una maleta en una mano, una bicicleta en la otra y la gallina bajo el brazo. Yo tenía un vacío laboral por delante, sueños de encontrar un nuevo camino, y todo el tiempo del mundo para emprenderlo.
Buscar dentro de uno mismo es un proceso lento. Y buscar fuera de uno mismo es un proceso trabajoso. Fui dando pasitos. Parques y comportamiento humano, qué hace la gente en su tiempo libre, qué quiere la gente, qué necesita la gente, cómo mejorar los espacios públicos para que sirvan a la gente y a sus necesidades, me pareció un tema interesante. Busqué, leí, contacté…He acabado trabajando de técnico con dos profesores que hacen cosas vagamente relacionadas, aunque mi trabajo con ellos es más bien vulgar. Busqué más, leí más, contacté más. Encontré un proyecto que me encantaba, me volqué en él, me apasioné, ¡me apasioné!, pero el proyecto se ha estancado.
Y últimamente me levanto por las mañanas pensando si lo que voy a hacer durante el día merece la pena o si más bien es un pasatiempo con poca importancia para mí y para los que trabajo. Dudo si he insistido demasiado poco, si no he buscado lo suficiente, si me he conformado y no he aprovechado bien todo este tiempo regalado.
Sigo queriendo aprender, apasionarme. Sigo queriendo hacer de mi trabajo algo relevante para mí y para la sociedad. ¿Pero cuál es el siguiente paso? Por favor, que venga Hari Seldon y me lo diga. 



miércoles, 6 de abril de 2011

“You have to scratch her ears”

No me gustan los perros, ni los gatos, ni los hamsters, ni los loros, ni los burros, ni las vacas, ni las ovejas, ni ninguna cosa con patas y pelo (o pluma) que me mire con ojos enigmáticos. Cuando puedo me mantengo alejada pero a veces ocurren cosas:

1. Mi jefe Handel trae a su perro a la oficina. Se llama Chess y cuando Handel no mira me gruñe por lo bajini. Hoy el perro ha venido a olisquearme y ha dicho mi jefe que le tenía que rascar detrás de las orejas (espero que se refiriera al perro), y que tenía que aprender a ser friendly con él para gustarle. Yo he pensado que en unos meses le traeré nuestro bebé a Handel y le diré -Chaval, you have to change her the pañals. Come on, be friendly!

2. En nuestro parking hay un cartel que dice “El cielo es el lugar donde te reúnes con todos los gatos que una vez amaste”. Y si el cielo es así, yo me pregunto…¿cómo será el infierno? ¿Estarán los dueños de todos esos gatos obligándome a tocarlos?
PS1. Una vez Handel me obligó a darle al perro ¡un trozo de mi merienda! Hoy, por fin, le tuve que decir a Handel que no me gustaba ser friendly to dogs. Dice Nacho que le tengo que marcar un poco y darle con un periódico en el hocico. A Handel.
PS2. En espera del finiquito.

miércoles, 23 de marzo de 2011

El espárrago, Kafka y la enajenación física


Me he vuelto una maruja y me he apuntado a Pilates.

En mi primer día de clase tuve varias revelaciones que me dejaron consternada. Todas ellas provenían del espejo que hay en la sala, ocupando toda una pared. La primera revelación es que soy un espárrago largo, flaco y de color amarillo. La segunda es que cuando hacíamos ejercicios de flexibilidad mi yo-espárrago se transformaba en cucaracha-de-Kafka balanceándose patas arriba.

El segundo día, en cambio, ha sido maravilloso. Para evitar a Cucárrago, me coloqué lo más lejos que pude del espejo, con mi propia imagen fuera de mi campo visual. Sorprendentemente, al cabo de unos minutos, ¡encontré mi reflejo! Mi imagen me revelaba como una niña muy mona, chiquitita, de color rosita y flequillo de osita. La profe decía -Levanta la pierna derecha, yo levantaba la pierna derecha y mi imagen osita levantaba la pierna derecha. ¡Cucárrago se había cambiado por Flequillo-de-osita! Miré a derecha e izquierda y decidí que nadie se merecía a Flequillo-de-osita más que yo. Flequillo-de-osita me pertenecía. Adiós, Cucárrago.

Al salir de clase, toda elástica, toda sonrisa, toda osita, me topé con el flequillo de una americana rosita. Parecía contrariada. Se miraba de reojo en el espejo, luego me miraba, se miraba, de nuevo al espejo. Le dediqué una fugaz mirada al reflejo. No podría jurarlo, pero me pareció ver a Cucárrago meneando malicioso su flequillo amarillo frente a la americana. Diría que incluso me guiñó un ojo antes de desaparecer, a la vez que ella, tras la puerta. 

martes, 22 de febrero de 2011

Mi timbre rosa (o arriba del puente)

El día se levanta precioso. La nieve se ha derretido y mi bici sale por fin de su letargo invernal. Estrenamos timbre y alegrías nuevas. Riiin. Recibo la carta de un amigo y sonrío. Me quito el abrigo y entorno los ojos al sol.
Luego me cruzo con un barbudo sin casa. Arrastra los pies y cabizbajo evita mi mirada. Y yo miro mi timbre rosa, riiin, y una ola de vergüenza me colorea los mofletes. 


jueves, 3 de febrero de 2011

Un supernombre versátil

Cuantas más vueltas le doy a mi nuevo nombre de superheroína, más me gusta: Hoy he pensado que ni siquiera tendré que abandonarlo cuando pierda mis superpoderes olfativos. Pasaré de ser OlfatiGirl a ser…¡AllFattyGirl!

miércoles, 2 de febrero de 2011

OlfatiGirl

Ya había oído yo por ahí que la vida del superhéroe es dura. Que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Que el superhéroe es un incomprendido social. Que jamás disfrutará de una vida normal.  Pero claro, uno no se da cuenta de esta tremenda realidad hasta que no lo sufre en carne propia.
Y ahora que soy una más de la gran familia, ahora que podría aparecer mencionada junto a Spiderman, Superman y Elastigirl, ahora que apenas puedo contener mi recién adquirido superpoder a los ojos de los demás, todavía me pregunto qué heroicas acciones me están destinadas.  Sí, a mí, a la chica que lo huele todo a más de diez kilómetros de distancia, a la que el más mínimo indicio olfativo le produce desproporcionadas reacciones estomacales, la que detectaría con los ojos cerrados una zanahoria escondida entre una montaña de lechugas.
Y aquí estoy, sentada en el sofá, sin acabar de decidirme por si debo salir volando por la ventana o más bien tratar de arrancar mi OlfatiMóvil, intentando averiguar de qué manera voy a salvar al mundo con mi superolfato. Por ahora lo he utilizado para aborrecer comidas, evitar fregar los platos sucios y convulsionarme en la sección de delicatessen del supermercado coreano. Pero…¡como que me sabe a poco!
Así que chicos, si hay algo que pueda hacer por vosotros, una coliflor de hace dos días que no sabéis si está comible, un guisante extraviado dentro de una ensaladera llena de patata, una mayonesa de origen dudoso sobre vuestras patatas fritas, no dudéis en avisarme ¡OlfatiGirl acudirá rauda en vuestra ayuda*,**!



(*OlfatiGirl no se hace responsable de sus propias reacciones gástricas durante el heroico cumplimiento de sus servicios)
(**Aprovechad, que mis superpoderes caducarán pronto...con suerte)


miércoles, 26 de enero de 2011

Pluma a pluma

Hoy los barbudos han invadido el barrio con tractores quitanieve ¡Lo están chafando todo! Yo les grito por la ventana: -¡Gamberroooos, idos a ensuciar la nieve a vuestra casaaa!- Pero ellos, como quien oye nevar.

Vistió la noche, copo a copo,
pluma a pluma,
lo que fue llama y oro,
cota de malla del guerrero de otoño
y ahora es reino de la blancura.
¿Qué hago yo, profanando, pisando
tan fragilísimo plumaje?
Y arranco con mis manos
un puñado, un pichón de nieve,
y con amor, y con delicadeza y con ternura
lo acaricio, lo acuno, lo protejo.
Para que no llore de frío.

                                                                                        José Hierro

viernes, 21 de enero de 2011

White Winter Inc.

Esta noche los estudios Universal han tapizado el decorado que forma nuestro pueblo con una capa de poliespan. Han cubierto de blanco los tejados, los coches, los árboles y las aceras. Hasta le han dado una textura húmeda para que pareciera más real (espero que no se deterioren las fachadas de cartón piedra). También han contratado a cuatro actores secundarios con barba postiza y una pala para que abran traza por las aceras, a tres niños rubios que se tiran bolas de nieve en el cruce y a cinco ardillas que llenan el barrio de huellas blancas. Ahora que ha acabado la jornada y ya han recogido a los barbudos, a los niños y a las ardillas me pregunto quién va a limpiar este desaguisado blanco que han dejado por todas partes.

miércoles, 19 de enero de 2011

Soy un puesto del mercado

Ya no me aguanto más, tengo que decirlo: ¡Un higooooo! ¡Tenemos un higo!
Lo descubrimos escondido entre las dos rayitas de un test de embarazo. Primero se nos reveló a lo semilla de sésamo, en seguida prefirió ser una lenteja, luego se decantó por un garbanzo, más tarde decidió ser alubia y poco después, cacahuete ¡Dónde se ha visto un cacahuete con un corazón latiente! Y en un despiste, ¡zas! ¡Resulta que ahora dice que es un higo! Que diga lo que quiera, pero yo nunca había oído que los higos tuvieran brazos y piernas. Y tampoco ese cabezón tan gordo. Para mí que está disimulando…. Yo le sigo la corriente, pero mientras tanto tejo patuquitos por si un día decide dejar las frutas y verduras y se hace bebé. 



martes, 18 de enero de 2011

Como los caracoles

Hace unas semanas hicimos las maletas, cerramos las puertas y salimos de casa para ir a casa. Y llegamos a casa. Besos, abrazos y una sonrisa gorda. Ayer volvimos a hacer maletas, cerramos aquellas puertas y de nuevo salimos de casa para ir a casa. Y en casa estamos. Con otra sonrisa gorda y tres besos guardados en el bolsillo.

jueves, 16 de diciembre de 2010

El invierno desde un tarro vacío

Me he acabado. He perdido los ojos y las manos. La nariz y la sorpresa. La sombra y la respiración. Me he vaciado y no me he acordado de ir al súper a comprar más yo.  
Así que me he sentado en la puerta de casa a esperar. A esperar al cartero. O al lechero. O a la vecina de abajo. O al cobrador del frac. O a que un día venga un señor con un mono de trabajo y una gorra, me abra la tapa de los sesos y me rellene otra vez de mí. 
Mientras tanto me caen tres copos de nieve en el moflete y una ardilla me mira desde el árbol del jardín. 

domingo, 7 de noviembre de 2010

Footecillos

Mi musa piecil: nacho

sábado, 6 de noviembre de 2010

Pesadilla en Halloween


Los disfraces, ay, los disfraces….fuente de dolorosos desengaños entre lo esperado y lo conseguido. He aquí la historia de tantas y tantas decepciones:

Tú (o yo) con toda tu creatividad nutrida de películas, de historias, o de tu propia imaginación, diseñas un disfraz casero. Tu disfraz. Creativo, estupendo, flamante. Este año sí que van a flipar con tu disfraz ¡Y todo con materiales reciclados! (oh error). Y es que las ideas siempre son buenas, pero luego, cuando decides llevarlo a cabo….pasa lo que pasa.

Como aquella carrera de disfraces en que las nenitas nos disfrazamos de Árbol de Navidad, que nadie identificaba y que se nos deshizo en el primer charco. Aunque, todo hay que decirlo, patente quedó que aún éramos ligeramente reconocibles (a la par que poco dignas) cuando los vikingos nos gritaron -¡Ya veréis cuando os agarremos las bolitaaaas!

En la carrera del año siguiente tuvimos la suficiente lucidez como para decidir que Cat Woman, ese disfraz que sonaba tan sexi en nuestra imaginación, iba a resultar en nosotras-vestidas-de-morcillitas, con tres michelines asomando por encima de las mallas y una cartulina con forma de orejas cosida al verduguito de cuando estábamos en preescolar. Sin embargo, una nueva y brillante idea surgió, y no menos cutres resultaron las estupendas hermanas Dalton y la buena de Sinte Luck (no quisiera recordar los otros nombres con que la bautizamos)

Y ahora que estamos en EEUU, el país de lo imposible, la cuna de Halloween, los inventores del treat or trick, el origen de los disfraces más espeluznantes y las películas de terror….parece que no espabilamos. Yo empecé imaginando un estupendo disfraz de ovillo de lana. Hasta que me enrollé en la cuerda de escalar. Y resulté ser una especie de salchicha deshilachada (gracias a dios, no hay fotos). La pobre Nathalie era algo así como un cactus. Pero sin tallo, ni espinas, ni cactus. Molly un león. Pero sin león. Nacho pinchado en un lacio alfiler de gomaespuma. Holly de vaquera con su pistola naranja de plástico (único símbolo de su vaqueridad), y Tina…Tina se arrastraba por el suelo con un calcetín colgado de la nariz. Luego supimos que “era” un elefante marino.

Estábamos intentando superar nuestra vergüenza colectiva cuando, de repente, llaman a la puerta. Diiiiing Doooooong. Siete cuasi-treintañeros nos abalanzamos para abrirla con las manos llenas de caramelos y la sonrisa llena de dientes y la ilusión llena de niños. Eran los adolescentes de la casa de al lado, con sus granos y su aliento a cigarrillo y su cara de pasota, que venían a que - Si eso, que venga, que no seas cutre y nos largues unas chuches. Nos miramos confundidos. Yo con mi ojo colgante de ganchillo, Tina con su trompa-calcetín, Nacho con su alfiler lacio,  y Holly con su pistola naranja de plástico. Avergonzados, con la mirada gacha, les largamos la mercancía y nos volvimos para dentro, donde nos sentimos de nuevo calentitos y seguros en nuestra común cutrería, mientras cada uno imaginaba para sí mismo -El año que viene…el año que viene sí que van a flipar con mi disfraz.   


jueves, 4 de noviembre de 2010

Lo que embellece al desierto

Lo que embellece al desierto es lo que esconde. Porque lo esencial es invisible a los ojos. Y en nuestro caso lo esencial resultaron ser pulgas. Y nos picaron hasta en el alma. Y ni con los ojos del corazón pudimos verlas.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Con ojos de pronghorn

En el corazón de Utah se esconde el paisaje más bonito del mundo. El paisaje más bonito del mundo no se puede fotografiar. Y no se puede contar. Y nunca se puede volver a él. Su inmensa belleza dura sólo un instante. El primer instante. El del descubrimiento. El momento en que la vista se sobrecoge, las rodillas tiemblan y se eriza la piel. Un segundo después el paisaje más bonito del mundo se desvanece, dejando tan sólo una vulgar caricatura de lo sublime: una vista, un recuerdo, una foto.
Sólo me queda (y no es poco) la certeza de, una vez, haber estado allí. Con todo mi yo.


martes, 12 de octubre de 2010

In the autumn of life

Las hojas de los robles gritan en rojo.
Luego se suicidan, exhaustas de tanta pasión.


miércoles, 6 de octubre de 2010

Chickenheart

Si yo fuera Braveheart…otro gallo cantaría. Si fuera Braveheart me pondría la falda a cuadros del uniforme del colegio, me pintaría la cara medio azul y diría todo el rato Todavía no, Todavía noooo, ¡Todavía noooo! ¡AHORAAAAA!.
Pero resulta que no soy Braveheart. En realidad, soy Chickenheart. Vamos, que soy una miedica. Soy una miedica de miedos vulgares. Me da miedo la oscuridad, me da miedo el ruido y me da miedo la soledad. Para compensar la vulgaridad de mis miedos, tengo una imaginación desbordante, lo que convierte mis rutinas en aventuras escalofriantes.
Como ir al baño en la universidad. Fácil ¿no? Pero…¿Y si estoy sola en el edificio? ¿Y si las luces del pasillo están apagadas? ¿Y si se oye un inquietante clac clac al otro lado de la puerta? 
Es hora de armarse de valor, baby. Respiro hondo, me levanto de mi silla, salgo del despacho. Avanzo por el pasillo en penumbra. Mejor dicho, corro por el pasillo en penumbra. Me detengo jadeante delante de la puerta de los aseos. Antes de entrar, miro a ambos lados. Ningún secuestrador a la vista. Abro la puerta, deslizo la mano por la pared intentando encontrar el interruptor de la luz. Sé que es altamente probable que me tope con otra mano, una garra más bien, dura, sucia, viscosa. Sin embargo, por esta vez me salvo. La luz se enciende y yo vigilo la estancia. El lavabo, el secador de manos, las puertas de los aseos, el rincón del fondo, todo en orden. Pero ojo, no bajes la guardia. Piensa, piensa, piensa ¿dónde se esconden los asesinos? Opción 1: Detrás de la puerta que acabas de abrir. Me doy la vuelta de un salto. Pufff. Libre. Opción 2, mucho más aterradora: En los cubículos de los wáteres. Sigilosa, me agacho para asomarme por debajo de las puertas. No se ven pies de asesinos, no, pero eso no quiere decir que el terreno esté libre. Todo el mundo sabe que los asesinos sabían que yo miraría por debajo de la puerta, así que están subidos encima del wáter. No lo pienso más y abro de un manotazo la puerta del primero. Nadie. Me acerco temblando al segundo. Porque si en el primero no había nadie, no hay duda, debe de estar en el segundo. Esta vez podría ser algo peor que un asesino con un cuchillo de palmo y medio en la mano. Esta vez podría haber un cadáver ahorcado colgando sobre el retrete. Adelante, Belén, no flaquees ahora. Manotazo a la puerta. Nada. Suspiro de alivio. Me siento en el wáter. Misión cumplida. Por esta vez me he salvado.
Pero tras unos minutos de tranquilidad, mi cuerpo se vuelve a crispar. Una nueva y peligrosa misión me espera: Volver desde los aseos hasta mi despacho. ¿...no habéis oído ese inquietante clac clac al otro lado de la puerta?