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jueves, 20 de octubre de 2016

Gafas de sol

Cuando me pongo gafas de sol siento la vida desde lejos. Las gafas de sol son como una muralla que me separa de lo externo. Con gafas no veo, no oigo y no entiendo el idioma. Allá afuera las voces, los coches, la gente. Dentro de mi cabeza yo voy calentita, en una nebulosa de oscuridad, oyéndome por dentro, escuchando mi propio eco, los oídos y los ojos velados. Mi mundo se hace grande, y los taxistas y los supermercados diminutos, insignificantes. Me crecen los dientes, las orejas, las manos y los pies. A mi paso todo sucumbe y yo sigo avanzando tranquilamente, causando el caos, con un devastador paso lento, en la inopia, derribando cajas de naranjas, torres de papel higiénico y grupos de escolares a la salida del colegio. No es que piense nada en particular, camino en mi mundo, distraída, oyéndome, pensándome, más y más grande por momentos. Gigante dentro de mí. Los semáforos caen y aplasto los coches sin percatarme. La ciudad se llena de sirenas de policía, que percibo como un zumbido lejano.  Aplasto sin darme cuenta palmeras, kioskos y ambulancias. Dejo atrás, como muñecos desvalidos, a bomberos con sus escaleras.

Vuelvo a casa, me quito las gafas para caber en el ascensor. Me llegan de la calle ruidos caóticos. Al llegar pongo la radio. Parece ser que un gigante sonámbulo ha tomado la ciudad esta mañana. El mundo cada día está más loco. 


1 comentario:

Unknown dijo...

Gafas de sol dices...pues no has probado a ir con auriculares todavía. La cosa empeora.